De la calle al mundo

Dos basquetbolistas, dos representantes del rap/freestyle y dos del hip hop sintonizan sus voces para definir la cultura urbana de la que se nutrieron para desarrollarse. Convocados por Nike, los mejores en sus ámbitos cuentan qué es la calle para ellos y cómo trascendieron en el deporte y el arte.

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La calle y el deporte o el arte son un maridaje perfecto para los tiempos en que el lenguaje se reinventa con una fuerza y un estilo inusitados. No importa de qué disciplina se trate, los intérpretes captan la cultura urbana y la subliman en sus ámbitos.

Convocados por Nike para la campaña Battle Force, en el marco del 36° aniversario de las icónicas zapatillas Air Force 1, Fabricio Oberto y Florencia Chagas, en el básquet, Dak1llah y Wos, en el rap/freestyle, y Nicolás Blanzari y Denise Montel de la Roche, en el hip hop, encienden sus voces e irrumpen con un discurso que trasunta la pasión con la que se destacan en sus mundos. Esa potencia se resume en la defensa que los seis hacen del lugar donde crearon o engrandecieron sus estilos disruptivos: la calle.

La calle y el deporte o el arte son un maridaje perfecto para los tiempos en que el lenguaje se reinventa con una fuerza y un estilo inusitados. Los intérpretes captan la cultura urbana y la subliman en sus ámbitos.

Fabricio Oberto no es un hombre cualquiera. Pertenece a la Generación Dorada, la mejor camada de jugadores argentinos de básquet. Campeón con la Selección Argentina, Atenas de Córdoba, Tau Cerámica y Pamesa Valencia, de España, y San Antonio Spurs, de Estados Unidos, talló como un escultor una carrera súper profesional. Sin embargo, jamás abandonó su espíritu amateur: “Si voy manejando y veo que hay un picado, todavía me bajo y voy a jugar. Me gusta que haya un movimiento urbano para interactuar”.

Una vez, en Río Ceballos, irrumpió como un rayo en un partido callejero. Uno de los jugadores ocasionales llevaba puesta la camiseta que él usaba en San Antonio Spurs. “Jugué un 21 y me fui. Hace poco me contactó la mamá de aquel chico y me dijo que en ese momento él no se dio cuenta de que jugó contra mí”, dice. La calle es la placenta de un jugador que asomó en la Liga Nacional de Básquet y brilló como alero, incluso, en la NBA. Oberto se remonta a sus orígenes para explicar el ADN de su juego: “En el secundario jugaba en una cancha detrás del colegio y la iglesia. Hacíamos un picado furioso, de 5 contra 5. Con mi amigo Ariel siempre compartíamos equipo. En la calle se dan las discusiones y adquirís una jerga que después manejás cuando pasás a las grandes ligas”.

Criado en Córdoba, podría considerarse un trotamundos: a partir del básquet vivió en España, Grecia y Estados Unidos, países en los que este deporte se transpira también en las calles. “No estamos lejos de la cultura del básquet urbano de esos lugares. Acá ayudó mucho el 3 x 3 (la modalidad adoptada por los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires), que magnifica el juego y lo hace más divertido. De esa manera, el básquet es más de creación y depende de uno, no tanto de la estrategia”, compara. Cuando piensa y reflexiona sobre el futuro de su deporte, hace foco en el largo plazo. Oberto habla de “plan”, de “tiempos”, de “retener entrenadores exitosos”. Y también expresa un deseo: “Ojalá haya más canchas, más aros en las plazas”. Ahí, donde entiende que empieza todo.

Florencia Chagas lanza detrás de la línea, y la pelota entra en el mismo instante en que suena la chicharra. Argentina le empata a China en el 3 x 3 de los cuartos de final de los Juegos de la Juventud. Sus compañeras la abrazan porque acaba de hacer lo que parecía imposible. Después, el equipo argentino perderá en el tiempo extra pero la imagen es esta: la de una chica que es parte del plantel del Famila Schio, de Italia, uno de los mejores equipos de Europa, pero que vino al país para jugar la modalidad callejera que tanto le gusta.

La chica que hasta los 12 años jugaba con varones porque en el club Casa de Padua no existía el básquet femenino es el reflejo de un estilo de lucha, de poner el cuerpo, de hacerse un lugar donde sea: “Me fui a jugar afuera porque en Argentina no se puede vivir del básquet siendo mujer y sabía que no iba a resultarme fácil estar tan lejos de mi familia, pero lo superé porque tengo bien en claro lo que quiero en mi vida”.

Cuando el próximo 27 de junio cumpla los 18 años, recién entonces podrá jugar en la Seria A1 con su equipo italiano. Mientras, asume el rol que cree encarnar por ser una de las mejores promesas de un deporte que hasta hace no mucho tiempo era gobernado solo por los hombres: “Me siento responsable de la difusión del básquet femenino como parte de la cultura deportiva”.

El Wos no tiene nombre y apellido en el mundo del freestyle. Valentín Oliva dejó de ser llamado así cuando su estilo en el Quinto Escalón y en la Batalla de los Gallos lo encumbró con un apodo de tres letras que ya es una marca registrada. Cultor de su arte en las plazas, dice: “Las cosas que surgen en la calle tienen una esencia particular, nacen de una manifestación genuina: aparecen, se comparten, se contagian y no necesitan de ningún medio. La idea parte de un barrio y llega a todo el mundo, boca a boca. Es la esencia de un ritual”.

El rap y el hip hop son danzas sociales, cuyo objetivo es compartir con el otro.

Tiene 20 años pero piensa como si hubiese vivido mucho más tiempo. En un ámbito en el que la discriminación es uno de los ejes de “las batallas”, este campeón argentino reflexiona y trata de cambiar la realidad. “Me gusta cierta esencia del rap de protesta, que sea disruptivo, que vaya al choque. Hay cosas con las que se puede provocar y hablar de lo que pasa actualmente con el país, con el gobierno”.

Con un estilo que va más allá del juego de la contestación, el Wos alguna vez reclamó ante su público por la presencia con vida de Santiago Maldonado y aún hoy pone la lupa sobre cuestiones sociales: “La calle está complicada, se ven situaciones muy difíciles. Me cruzo con gente a la que echaron del laburo. Está todo muy pesado, veo gente infeliz”.

El pibe que capta la cultura urbana es sus temas, hace catarsis en Andromeda, su último tema. A través de las cientos de miles de reproducciones en Youtube se pueden escuchar frases como “soy de vidrio, puedo romperme fácil” o “me deprime imaginarme dormir solo con mi ego”. El contexto, lo explica el propio Wos: “Soy introspectivo, quizás definido por el afuera, por el sistema”.

Dentro del rap también se destaca Dak1llah, la chica que, como revela, se cansó de “la burbuja de cristal de Nordelta” y salió para encontrar su lugar en el mundo. En una plaza de Devoto descubrió el sitio ideal. “Era la situación perfecta. Yo estaba en una etapa de rebeldía con mis papás, que no me querían ver ahí porque, según ellos, estaba con chicos a los que la mayoría tilda de drogadictos. Lo que digo es que el rap es rap, drogadictos hay en todos lados. Ahora puedo expresarme como quiero y vestirme como quiero. Soy calle. A mí no me faltaba plata, pero necesitaba amor”.

Apegado a una manera de vivir el hip hop y enfundado con zapatillas Nike, Nicolás Blanzari fue parte del grupo cordobés CBAction que se consagró campeón en Estados Unidos, un logro que nadie había conseguido para Latinoamérica. Sus bailes son danzas urbanas con origen popular, que comenzaron entre las clases sociales económicamente bajas. “No las dejaban pasar a los boliches y hacían sus propias fiestas”, cuenta.

El fenómeno de este tipo de danzas sociales tiene un faro que Blanzari no desconoce: compartir con el otro. “Cuando uno baila representa una cultura y un estilo de vida”, dice y explica: “El que se propone un sueño tiene que trabajar inteligentemente y no frustrarse. Hay que abrazarse a la experiencia. Se trata de combatir la cultura del ya, de lo inmediato. Y, también, de aplacar los egos”. E insiste con un concepto clave: “Lo que hacemos no sirve si no es para compartir”.

Bailarina y coreógrafa, Denise Montel de la Roche confiesa que hace poco integró a su arte la cultura urbana. De formación académica, dice que ahora cuenta con “una nueva herramienta” para expresarse: “Me sirve también para encontrarme”. Su extenso currículum incluye su participación en los programas de televisión Casi Ángeles, en la versión mexicana de Operación triunfo y durante dos años fue parte del staff de Susana Giménez, aunque remarca las bondades del hip hop: “Me aportó autenticidad, sobre todo el hecho de poder compartir la danza y conocer gente de afuera. Logré conectarme, unir mundos”. Unir mundos. De eso se tratan el arte y el deporte.

 

Fuente: Clarin

One thought on “De la calle al mundo

  • 30 octubre, 2018 at 3:20 pm
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    Flor chavas sos lo más…. día a día demostrar ser excelente deportista y mejor aún hermosa persona…

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