Destinos cruzados

Gustavo Ismael Fernández se reencontró con Estudiantes de Olavarría, institución en la que vivió momentos gloriosos. Una historia de idilio renovado, de química que fluye, y de ilusiones compartidas en el TNA.

 

El destino suele ser caprichoso. Así como a veces se ensaña, en ocasiones obsequia una mueca cómplice, de esas que reconfortan y que generan momentos mágicos, con un halo de protección. Algo de eso pudo suceder para que los caminos de Estudiantes de Olavarría y de Gustavo Ismael Fernández volvieran a cruzarse, y para que quince años se evaporen en segundos, el idilio renazca y la química fluya. Pasa en la vida, por qué no pasaría en el básquet.

Estudiantes llegaba de terminar una relación de cuatro años con José Luis Pisani, de esas pasionales, en las que emociones fuertes y resultados positivos forjaron un cariño que perdurará más allá de la separación.

El Lobito regresaba al país tras un “exilio” en Brescia luego de haber concretado el ascenso a la Liga A con su amor de la infancia, 9 de Julio de Río Tercero, equipo en el que fue jugador (junto a su hijo salieron campeones cordobeses), luego asistente y por último entrenador.

Pero se vieron, se reencontraron, y nada más importó. Estudiantes de Olavarría supo que quería a Gustavo Fernández como entrenador. Y el Lobito entendió que era el momento de volver a aquella ciudad que lo marcó y al club en el que engrosó su ya de por sí prolífico perfil de wilkipedia.

“Cuando Mili Villar, mi representante, me avisó de esta posibilidad de volver a Estudiantes, me encantó. Estaba hablando con clubes de Liga A, pero la idea de venir tiraba muchísimo. No sólo por el pasado como jugador, sino también por los amigos que tenemos acá en Olavarría. Eso ayudó mucho a la hora de tomar la decisión una vez que hicieron la propuesta oficialmente. Cuando llegamos acá nos dimos cuenta de que era lo correcto, y hablo en plural porque mi señora también sintió que estaba otra vez en un lugar en la cual tuvo experiencias bárbaras. Enseguida nos sentimos otra vez parte de la ciudad y de Estudiantes. Debe ser de los clubes más lindos y completos del país”, cuenta El Lobito, engranaje importante de la historia del básquet criollo y de un equipo que fue sensación con títulos nacionales e internacionales y nombres que marcaron a fuego a la Liga como Hernández, Wolkowyski, Wilson, Farabello, Quinteros, Fernández, McCray, Gianella, Baldo, Ginóbili y más.

Cruz Arouxet es referente del básquet del Bata y cuenta su versión del reencuentro desde lo sentimental: “Nuestro corazón lo recuerda por la huella que dejó en la institución como jugador y sus cualidades como persona”. Aunque claro está, no se puede vivir del amor: “Lo que nos decidió fueron sus kilates como entrenador debido al buen paso por 9 de julio de Río Tercero. Una vez que nos contactamos el proceso de contratarlo fue rápido, demostró muchas ganas, así conformamos el equipo y estamos en un momento de mucho entusiasmo. Su llegada revolucionó la ciudad y estamos en este camino de buen presente deportivo, muy contentos con todo este proceso”.

La tabla del Sur lo dice casi todo con este Estudiantes en el TNA. Y aunque la cautela siempre es palabra de cabecera, a todos en Olavarría les brota la palabra ilusión. “Tengo 41 años y la etapa de la liga me agarró con 25 años, la viví acompañando al equipo acá y en los viajes y el recuerdo es hermoso, en ese momento desde la tribuna. Ojalá Olavarría pueda volver a vivir algo parecido a lo que logró en su momento el gran dirigente que fue Daniel Trapani”, resume Cruz y representa a todos los hinchas y dirigentes de Estudiantes.

Hoy una de las caras con las que se identifica la gente de Estudiantes es el alero rosarino Rodrigo Sánchez, protagonista que remó desde el Federal la reconstrucción basquetbolística de Estudiantes y que ya va por su quinta temporada en el equipo. “Se armó un muy buen equipo, con jugadores de jerarquía que estuvieron en categorías superiores y que el entrenador conoce. Es un equipo sólido y un gran grupo humano, que influye mucho en lo deportivo. Cuando se trabaja y uno se lleva bien fuera de la cancha, adentro se hace todo más fácil”, explica Rodrigo, que esboza el perfil del seguidor del equipo: “El básquet se vine de manera muy apasionada. La ciudad no tiene fútbol profesional y sumado a la historia que tiene el deporte en el club, todo es muy pasional. Es una ciudad chica, nos siguen, nos vienen a ver y eso ayuda al club a que puedan sostener el proyecto. Hay clima de euforia y es lindo para los jugadores. Hace unos años nos tocó ascender al TNA y se revolucionó todo, fue de lo más lindo que viví en mi carrera, con cancha llena desde cuartos a la final. La gente nos recibió en la ruta cuando salimos campeones”, cuenta el alero, quien se anima en el pronóstico: “En el largo o en el corto plazo Estudiantes va a volver al nivel máximo del básquet argentino”.

El relato de Sánchez se apega a la descripción que Gustavo Fernández grabó en su memoria en aquellas épocas gloriosas: “Hay gente muy fanática del equipo desde siempre y los seguirán siendo. En ese momento todo se magnificó por los éxitos que se dieron, como la Liga, el Panamericano, la Sudamericana. Lo más impactante que pasé en mi carrera fue la primera final contra Atenas, que ganamos. La llegada a la cancha era increíble, desde el portón de entrada del club hasta el Maxiestadio debe haber 400 metros y la cola era impresionante. Es un gimnasio que tiene para siete mil personas y había más de ocho mil. La final fue al mejor de 7 y se ganó 4 a 3. Sigue estando en las redes sociales, mis hijos lo pueden revivir. Fue algo único”.

Esos momentos unieron de por vida a los protagonistas con el recuerdo colectivo de la ciudad. Y es algo que no se modificará con el paso del tiempo, porque en cada presencia ocasional, el cariño flota en el aire.

“La no continuidad de José Luis (Pisani) después de tantos años fue algo fuera de lo común para el club pero la llegada del Lobito se vivió con mucha euforia, tiene mucha banca en el club, ganó todo, y hay muchísimo aprecio”, explica Rodrigo Sánchez, uno de los símbolos de la nueva era.

Obviamente Gustavo Fernández está conforme con lo logrado por “su” Estudiantes en este lapso 2016 del TNA y explica por qué: “Se va concretando lo que me había imaginado en un principio y no lo digo por el hecho de la posición actual sino por el mix que se armó entre experiencia y juventud, con chicos que tomaron liderazgo del grupo y saben interpretarlo. El equipo tiene identidad y lógicamente ganar te da un plus y ayuda al compromiso con el estilo que queremos jugar”.

Los lazos afectivos, el background sentimental entre entrenador y club, el destino que los une y la efervescencia creciente pueden desembocar en algún tipo de presión o responsabilidad, pero el Lobito la asume, la maneja y la reparte, como cuando jugaba: “Las presiones son las normales. Diría que no hay presión externa, pero sí interna, porque me gustaría poder concretar el sueño de ascender. Sé que es largo y difícil, soy conciente de eso, pero nadie te puede quitar la posibilidad de soñar que suceda y sobre todo en este lugar. Es una agradable presión por una cuestión de devolución, de gratificación, de estar en un lugar en el que me siento cómodo”.

Se encontraron, se extrañaron, se buscaron. Hoy Estudiantes de Olavarría y Gustavo Ismael Fernández están juntos otra vez. Vale la pena soñar.

*David Ferrara fue productor periodístico de las transmisiones televisivas del Torneo Nacional de Ascenso durante diez años. Periodista del diario El Ciudadano de Rosario. Docente en Tea Rosario y en Ieserh Rosario. En Twitter @davidferrara35.

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