Entrevista: Rubén Wolkowyski

Rubén Wolkowyski es el nuevo protagonista de “La entrevista de la semana”, en donde hace un emotivo repaso por lo que vivió en los Juegos Olímpicos Atenas 2004. Su visión de la Generación Dorada, su carrera, el retiro, sus planes como entrenador a futuro y la alegría por ver a su hijo en la Selección U16. 

 

“No se puede explicar lo que transmitía ese equipo estando los 12 juntos”

La historia de la Selección Argentina está llena de ejemplos de sacrificio y trabajo constante, y Rubén Wolkowyski es uno de ellos. Su altura llamó la atención cuando tenía 15 años y recién ahí empezó a jugar. Se entrenó sin parar con el objetivo de mejorar y superarse día a día y construyó una carrera fantástica, en el país y alrededor del mundo, con paso por la NBA incluido. Pero claro, lo que lo marcó a fuego fue la camiseta celeste y blanca, esa que defendió con muchísimo orgullo. Y la medalla de oro en Atenas 2004, por supuesto, es la punta de la pirámide.

Siempre es bueno repasar aquellos momentos de la Generación Dorada, por eso el chaqueño de 42 años es el protagonista de otra entrega de “La entrevista de la semana”. Los recuerdos de su exitoso camino y más: su visión del retiro a menos de un año de largar la actividad, sus planes a futuro y la alegría por ver a su hijo Tomás defendiendo los colores argentinos con el seleccionado U16 que está en Turquía.

-¿Qué estás sintiendo al ver jugar a tu hijo a tan corta edad con la camiseta de Argentina?
-La verdad es que estoy orgulloso. Cuando yo jugaba, nunca pensaba que mi hijo iba a poder ponerse los colores de Argentina a los 15 años. Lo único que le dije era que tener esos colores era un orgullo, que debía sentirse muy feliz por vestirlos, que tratara de disfrutarlo al máximo porque son los colores más lindos. Representar al país fue un orgullo durante toda mi carrera porque es lo único que se hace por pasión. Más allá de que uno tiene un trabajo y que lo va haciendo en diferentes partes del mundo, cuando te ponés la camiseta argentina lo hacés por pasión. 

-¿Vos querías que Tomás agarrara la posta del básquet o se fue dando solo?
-No, nunca lo empujé a que él decidiera jugar al básquet. Un amigo, Luis Fernández, me dijo “dejalo que él elija solo, no lo presiones, nunca le digas nada”. Y él, a los 10, 11 años, empezó a decidirse, a querer ir a entrenarse. Hoy su vida es el básquet y me pone muy contento, porque poder estar ahí no es fácil. Ojalá lo pueda disfrutar. 

-Al margen de que no lo empujaste para empezar, ¿ahora que se largó sos de estarle encima o dejás que vaya descubriendo todo solo?
-Soy de ir a entrenar con él y llevarlo porque a él le gusta. Entonces si él quiere voy a gastar las horas y los días que sean necesarios para que sepa que esto se consigue entrenando y que nadie te regala nada. 

-¿Cuál es el consejo más importante que pensás que le tenés que dar, desde tu visión de padre y de lo que representaste para el básquet argentino?
-El consejo, no sólo para mi hijo sino para todos los chicos que hacen básquet o cualquier deporte, es que el sacrificio que se hace todos los días para entrenar o aprender lo que uno está haciendo es fundamental. Yo tengo que ir a entrenarme para aprender y mejorar lo que estoy haciendo, eso te va a mejorar cada día como jugador. Y cuanto más lo hagas, más fácil se te hará para llegar a donde querés. 

-Comparando tu época de chico con la de ahora, ¿qué notás en términos de dedicación y desarrollo, hay diferencias?
-Sí, hay más distracciones. Yo, que estoy tratando de trabajar con chicos, me encuentro que tenemos que tratar de pelear con el tema de los teléfonos, las computadoras, la PlayStation… Y eso te saca horas para ir a entrenar. Los chicos tienen que darse cuenta que el entrenamiento les va a dar algo importante. Hoy hay tiempo para hacer todo, así que sacarle un poco de tiempo a la electrónica para dedicárselo al básquet les va a ayudar mucho. Cuando yo era chico entrenábamos muy duro. Los entrenadores que tuve siempre trataron de ayudarme a formarme y me llevaban a entrenar, me daban lo que ellos sabían para que yo aprenda. Hoy la verdad es que no sé cuántos entrenadores están capacitados o tienen la habilidad o ganas para hacer eso. 

-¿Por qué lo pensás?
-Hoy quizás hay entrenadores que piensan que de un día para el otro se van a levantar y van a ser entrenadores de la Selección o de la Liga Nacional. Vos primero tenés que tratar de ser formador, hacerte de abajo para arriba, y a medida que va pasando el tiempo y agarrás experiencia, vas a llegar a ser entrenador. Hoy veo que está faltando una dedicación para los chicos en muchos lugares, el dedicarles tiempo para que aprendan. Si el chico va solo, va a llegar un momento en que se va a aburrir y no va a ir más, si total no va nadie para acompañarlo y enseñarle bien las cosas. 

-¿Qué estás viendo en materias de formativas? ¿Sentís que de a poco hay una mejora en ese sentido? La camada de tu hijo, la 2000, quizás es un ejemplo. 
-Sí, claro que sí. Es más, yo creo que los chicos siempre estuvieron. En su momento se dijo que no había y que teníamos que ir a buscar chicos a Africa, que me pareció una barbaridad. Cuando yo fui a Chaco para un campus encontré muchos chicos altos, lo que pasa es que no tienen la posibilidad de salir de ahí para entrenarse y progresar como deportistas. El tema es buscarlos, dedicarles tiempo, traerlos y trabajar con ellos para poder tener deportistas argentinos en el día de mañana. No solamente te hablo del básquet, sino en toda actividad. Si uno va al Interior a buscar, siempre hay chicos altos con ganas de crecer como deportistas y poder hacer una carrera. 

-En ese sentido, ¿el impulso que está dando el Plan Altura es fundamental?
-Sí, claro que lo es. Ahora el tema es trabajar bien con esos chicos que se sale a buscar, ver que las personas que trabajen con ellos estén capacitadas, porque no es fácil trabajar con chicos, quienes tienen una forma más fácil de frustrarse. Hay que medir lo que se dice y cómo se dice para que sigan creciendo, educarlos como deportistas. Hay muchas cosas para hacer para que el día de mañana el chico sea un ejemplo como deportista, y no un buen jugador pero que tenga un mal comportamiento, porque tampoco te sirve. Siempre tiene que ir de la mano el buen deportista con la buena persona. Yo siempre me lleno la boca hablando del grupo que fue a Indianápolis y a Atenas… Nosotros conseguimos lo que conseguimos porque teníamos las ganas de jugar y, sobre todas las cosas, porque éramos buenas personas, con buena predisposición y que no le faltaba el respeto a nadie. Creo que eso se lo debemos a los entrenadores que tuvimos, que nos supieron educar como deportistas. 

-¿Ya tenés asumido tu retiro y el hecho de ser ex jugador, o todavía queda alguna parte dando vueltas?
-No, ya lo tengo asumido. Si jugué los últimos años fue porque el básquet me lo regaló y el cuerpo me lo permitió. Pero el básquet le dio muchísimo a mi carrera, más de lo que yo pensaba. Realmente estoy agradecido. Poder jugar hasta el año pasado, con 41 años, y poder disfrutar cosas lindas con Quilmes, ayudando a clasificar al equipo en instancias decisivas y darle algo a la gente del club que a mi me había dado muchísimo, la verdad es que me puso muy contento. Me siento contento porque al básquet lo dejé yo, no me dejó él a mi. Entonces hace que no lo extrañe. Y hoy me siento con ganas de encarar otro camino para seguir mi vida, además de poder dedicarle mucho más tiempo a mi familia, porque cuando uno hace esto pierde cosas con la familia. 

-Entonces el momento para dejar te pareció el indicado, ¿no?
-Sí, no lo hubiese cambiado. Estoy contento por haber hecho este paso. Uno cuando empieza en esto no piensa lo que va a conseguir. Y cuando vas logrando cosas, te vas sorprendiendo por lo que el deporte te regala, la cantidad de amigos y gente conocida en el mundo, experiencias que se pueden vivir en el básquet. También me dio una familia muy linda, y eso es algo que voy a estar de por vida agradecido al básquet y a la persona que me descubrió. 

-Se nota que asumiste muy bien el retiro. ¿Lo trabajaste antes de que llegara el momento o se dio de forma natural?
-Se dio de manera natural. Es más, creo que mi señora se puso peor que yo. Incluso me crucé con muchos ex jugadores que me dijeron que la pasaron muy mal con el retiro. Pero te juro que estoy bárbaro. También estoy muy bien rodeado por mi familia y amigos, y eso te ayuda. El poder dedicarle tiempo de entrenamiento a mi hijo también me viene bien y llena la parte que puede faltar. Pero la verdad es que no extraño la actividad. 

-¿Qué carrera encontrás cuando mirás hacia atrás?
-Mi carrera fue increíble. Me siento orgulloso de lo que me pasó. Mi señora tuvo la valentía de hacerme toda mi carrera en recortes de diarios y revistas desde el día en que me conoció hasta el que me retiré. Y no hace mucho me puse a mirarlos. Mi hijo me preguntó y nos pusimos a mirar y hablar, y esos recortes me llevaron a cosas que, cuando te ponés a mirar, te ponés muy contento por las cosas que viviste. 

-Imagino que hubo muchas lágrimas en ese momento.
-Sí, seguro (risas). Es que fueron cosas lindas que mi hicieron crecer como persona. Me puse muy contento y mi hijo lo disfrutó. Lo único que espero es que él pueda vivir lo que yo pude e incluso mucho más. Somos muy pocos los que tenemos la suerte de vivir esto. Es algo muy lindo y se lo desearía a cualquier ser humano esto que viví, no sólo yo sino todo el grupo de la camada que estuvimos en la Selección, que compartimos y fuimos creciendo juntos. 

-¿Por qué pensás que pudiste conseguir todo eso, cuáles fueron las claves o secretos para construir esa carrera?
-A mi me descubrieron a los 15 años para jugar y por la altura, no era un chico que tenía talento para jugar. Entonces tuve que hacer un curso acelerado, y todo lo mío fue en base a trabajo y esfuerzo. Si le pude sumar algo de “talento” fue después de mucho entrenamiento. Yo siempre me dediqué a entrenar muchísimo, y si uno no lo hace al 100% y todos los días, no puede mejorar y lograr cosas. El dicho que dice “llegar es difícil pero mantenerse es mucho más”, es tal cual así. Yo siempre traté de entrenar muchísimo para mantenerme. Inculcarle esto a los chicos les viene bien, porque pienso que es el camino para llegar. 

-¿Te arrepentís de algo que hiciste o que no hiciste, algo que te haya quedado pendiente?
-(Piensa). No sé si me arrepiento, pero sí me quedó un dolor muy grande por no haber logrado el campeonato del mundo en 2002. Me arrepiento de no haber trabajado un poquito más para poder conseguir ese logro que estuvo tan cerca. Pero no sé si es arrepentimiento, es un dolor que todavía lo siento. Si bien hoy ser segundo del mundo es muy difícil, aquello es algo que me dolió muchísimo. Pero después no me arrepiento de nada. Todos los pasos que tuve que dar, si bien algunos eran medios certeros o no, me dieron cosas muy lindas y me hicieron crecer. 

-¿Tener una medalla de oro olímpica colgada en el pecho era algo que soñabas cuando empezaste a los 15 años o era una locura?
-Era una locura. Es algo muy difícil, casi imposible. Y nosotros logramos lo que parecía imposible. El día que nosotros escuchábamos el himno cuando se izaba la bandera en Atenas, se me vino a la mente un entrenador que nos formó a varios como Guillermo Vecchio, que nos decía “recuerden chicos que el día que sean campeones olímpicos se iza la bandera y se entona el himno nacional”. Eso fue increíble, se me vino a la cabeza después de tantos años algo que decía él y que parecía una locura. Cuando te lo dice medio como que te quedás y lo dejás pasar, pero la verdad es que quedó grabado. 

-¿Cómo podrías definir a la Generación Dorada?
-Unica y que no se puede reemplazar. Te hablo de los 12 que integraron el plantel de Atenas más el cuerpo técnico que estuvo ahí, que son los que realmente se merecen ese apodo. Para mi es única por el cariño que teníamos entre nosotros, la pasión por el trabajo y mejorar día a día, el defendernos unos a otros como sea, el vestir orgullosos la camiseta argentina, el convivir sabiendo que éramos como una familia, nos extrañábamos cuando no nos veíamos durante unos meses y cuando nos juntábamos de nuevo para entrenar lo disfrutábamos porque nos hacía muy bien. Y también quiero destacar el trabajo que hacía Rubén Magnano con nosotros. 

-¿Qué les dio? 
-El sabía que prepararnos de la manera en que lo hacía era la forma para que pudiéramos lograr eso. Creo que es el único que entendió cómo trabajar para llevar a un equipo a finales olímpicas y del mundo. Es el principal culpable de lo que nos pasó en la Generación Dorada. 

-Al margen de los resultados, ¿cuál pensás que fue el mayor logro de la Generación Dorada?
-Poder estar dentro de un mismo equipo al mismo tiempo, en un lugar exacto que fueron los Juegos Olímpicos. Si bien el equipo empezó un poco antes, el llegar los 12 juntos a ese torneo fue algo único y los resultados están a la vista. Son cosas que no se pueden explicar con palabras. No puedo explicar lo que transmitía ese equipo al estar los 12 juntos. A mi muchas veces me preguntan qué sentí cuando fui campeón olímpico. Yo no puedo describirlo. Puedo decir alegría, lo que se me ocurra, y me quedo corto. Es algo que te lleva al más allá, no se puede creer lo que uno siente al conseguir eso. 

-Teniendo en cuenta que estamos cerca de otra edición, ¿cómo podés definir a los Juegos Olímpicos?
-Es un lugar para privilegiados, para gente que realmente merece estar ahí, que se prepara durante mucho tiempo para estar ahí. Es un lugar único y que no se compara con nada en el mundo. Yo disfruté mucho el estar ahí, porque era una convivencia de pocos días en el año. Estar ahí es algo que solamente pocos elegidos pueden lograr. 

-¿Qué te enseñó a vos la Generación Dorada, qué te dejó?
-Además de una medalla increíble (risas), me dejó muchas enseñanzas, como la bondad que teníamos entre nosotros. Eramos un grupo para todo, y ahí va la palabra equipo. Cuando decís eso, era para jugar, entrenarse y para todo lo que se te ocurra. Estoy muy agradecido por haber podido ser parte de esos 12 en un determinado momento, y haber podido disfrutarlo como lo hicimos. Todo me dejó una enseñanza increíble, que me generó un antes y un después como persona. 

-¿Qué estás viendo o viste del proceso actual de la Selección?
-La verdad es que lo vi muy bien. Me encontré con jugadores que conocía poco y que me sorprendieron muchísimo. Consiguieron una clasificación increíble, porque además el equipo llegó a jugar muy bien. Lo de Luis (Scola) y Chapu (Nocioni) es para sacarse el sombrero porque llevaron el equipo al hombro todo el torneo. Sin desmerecer el trabajo de los demás chicos, que acompañaron muy bien, hay que decir que los dos hicieron la diferencia para clasificar, llevaron la bandera y es para destacar. Espero que ahora en Río puedan tener la misma química y que puedan disfrutar los chicos nuevos por lo que es un Juego Olímpico, sin irse mentalmente del objetivo, que es salir a ganar.

-¿Cómo tomás el tema del futuro, cercano y no tanto? Porque siempre se estuvo pendiente de lo que venía después de ustedes…
-El futuro depende de lo que se haga con todos estos chicos nuevos que están saliendo. Cuando estaba el equipo de Atenas no se pensaba que el equipo iba a terminarse o que iba a tener vencimiento, pero lo tenemos, no somos eternos. Entonces los jugadores tienen que ir saliendo y cada año tiene que sumarse uno nuevo a la Selección con proyección de Mundial o Juego Olímpico. Pero todo eso depende del trabajo que se haga con los chicos en formativas. Por eso te dije que hay que estar preparado para hacer ese trabajo de preparar a los chicos para que el día de mañana sean estandartes de nuestra Selección. Hay que saber que son formadores de futuros jugadores de Selección. 

-Por lo que decís, está claro que te gustaría ser formador…
-Me encantaría. Me estoy preparando para eso, tengo profesores, voy a charlas, trato de hablar con psicólogos deportivos para ver cómo es el trato con los chicos… Hay muchas cosas que quizás desconocés como jugador, entonces trato de informarme sobre todo para estar capacitado el día de mañana cuando tenga un equipo de formativas. Si después se da el poder dirigir un equipo de Liga o Selección, por ejemplo, quiero llegar y estar capacitado, y no decir “por qué no hice esto para estar mejor preparado”. Quiero tener todo estudiado y entrenado para lo que se viene. 

-Muchos le escapan al ser entrenador después del retiro, pero se nota que apuntás a eso…
-Sí, seguro. Pero para ser entrenador no sólo basta con la experiencia como jugador. Así como cuando fuiste jugador tuviste la práctica para serlo, hay que tenerla para ser entrenador. Primero formando y después saltando a otro nivel. 

-Si tuvieras que vivir nuevamente un momento de tu carrera deportiva, ¿cuál sería?
-Hay dos que van de la mano. Uno fue el primer día que Magnano nos juntó a los 12 de Atenas. Fue el comienzo del final con la medalla, por eso van de la mano. Elijo ese día y el que nos colgaron la medalla de oro. Más allá de ser campeón de la Liga Nacional, de ir a la NBA… Esos son logros personales que vienen del trabajo, pero cuando se trata de sentimiento y pasión por lo que uno hace, la camiseta de la Selección tira mucho más que todo.-

Fuente CABB

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