La huella del “Tigre” Mariano Aguilar

Con Huracán eliminado del TNA y el contrato vencido, llegó el momento de partir. El DT Mariano Aguilar regresa hoy a su hogar, pero antes dejó plasmada su huella, una marca llena de emoción y amor por su pasión: el básquet.

En la cafetería del club, con el griterío de los chicos jugando, quien les escribe tuvo la grata oportunidad de tomar una taza de café y dialogar profundamente con Mariano Aguilar antes de su partida. Mirando el café entre nuestras manos, un tanto melancólico, el trago parecía tan amargo como la eliminación.

-¿Va pasando la mala sensación de la eliminación o es un proceso lento?

– Es un proceso lento. Hasta un nuevo inicio de pretemporada y nuevas expectativas. Puede ser que sea más digerible por la euforia y las cosas que sucedieron. Pero ya está. Lo más importante de todo esto creo que fue el ida y vuelta entre el equipo y la gente, hubo una química, el equipo hacía cosas desde adentro que la gente se entusiasmaba, tanto en defensa como en ofensiva. Ningún técnico ni jugador, tras quedarte ahí de la final, va a decir que está contento. Es muy raro lo que sucedió, lo he visto en pocos equipos, una gran comunión entre forma de juego y la gente.

-¿Eso lo notaste apenas llegaste?

– Apenas llegué costó un poco digerir mis formas (ríe). Fui muy criticado por la prensa. Yo no voy a cambiar mi rumbo nunca.

-¿Entendieron rápido tus métodos?

– Cuatro meses y medio; parece que sí. Pero si hubiéramos pasado, aunque sea llegado a la final, hubiera dicho “sí, lo entendieron”. Creo que sí. Estoy muy conforme con el rendimiento de los jugadores, deportivamente y en lo humano.

-Mirando tu carrera como DT, ¿qué significa para vos Huracán?

– Puede llegar a ser mi lugar en el mundo, porque me han tratado de maravillas. Significa un pasito más en mi carrera, y un compromiso porque ahora la vara para mí va a ser más alta.

-¿Qué aprendiste en tu estadía?

– Aprendí el respeto y que Trelew te obliga a ser un buen tipo. Todo lo que me ha rodeado me obliga a ser una mejor persona todos los días.

-¿Qué sigue ahora? Te vas con tu familia, descansás…

-Soy coordinador en campus de Prigioni, en Río Tercero. Me tengo que operar, una cirugía de ojos. Tengo que ordenar mi centro de rendimiento. Cuando vine dejé todo. Y me voy a los Juegos Olímpicos, a Brasil, como hincha. Voy a seguir aprendiendo. Ah, y tengo que dar una clínica ENEBA en Rosario y otra en Zárate. Tengo bastante, por lo que voy a tratar de no dilatar mucho la decisión, pero tampoco apresurarme. Los dos caminos son malos. No quiero equivocarme, menos con Trelew, que me ha tratado muy bien. No sé cómo explicarlo, fue todo muy loco, fue una vorágine, ¡fue un huracán!; llegué y nadie entendía lo que yo quería pregonar, fui muy criticado, eso me entristeció mucho, me puso muy mal y puso mal a mis hijos. Yo no di el brazo a torcer. A los jugadores les parecía muy duro, muy drástico lo mío. Yo ya hablé con ellos y fue muy emotivo. Considero que los jugadores, de acá hasta que termine mi carrera como entrenador, van a ser mis hijos. Mucha gente de afuera se hizo hincha de Huracán. Huracán es un club basquetbolísticamente, dentro del medio, muy acertado; no es un club antipático, es querido. Siga o no siga yo, nadie es imprescindible en esta vida, Huracán está por muy buen camino y es muy lindo Trelew. Si yo no sigo, al entrenador que venga le voy a hablar maravillas de todo.

-¿Es importante tener buenas personas en el plantel?

-Como dice el “Cholo” Simeone: prefiero parar locos que empujar boludos. Llegué y lo primero que me dijeron fue que son buenas personas. Bueno, que vayan a los hospitales, vayan a cuidar abuelos. Esto es una guerra. Acompaña ser buena persona en la conformación de los grupos para la búsqueda de los objetivos. No se hace terapia de grupo para cantar villancicos tomados de la mano, no, es para logros deportivos. A veces hay que ser un poquito malo. Las buenas personas entienden el mensaje y luchan por el bien del otro. Me sucedieron cosas fenomenales que nunca antes me habían sucedido: cuando pedía un cambio, el mismo jugador decía “dejalo un rato más, no lo apures”. Yo no le perdono la vida a nadie, y menos a los mejores. Pero ellos mismos se alentaban, no esperaban que le vaya mal al compañero para entrar. En el básquet profesional hay boicot, existe en todos lados. Acá no. Eso fue genial. Por otra parte, ahora no sé qué hacer de las 10 de la mañana a las 7 de la tarde, porque era un placer venir a entrenar a estos pibes. Y eso es porque eran buenas personas.

-Tu llegada fue bastante repentina.

-Imaginate, con mi proyecto, local propio, inauguración, a las 48 horas estaba en Trelew. Mis empleados no entendían nada. Dejé un bolonqui. No sabía adónde iba. Yo siempre dije que venía a la tormenta perfecta, el tema era sacar el barco de la tormenta y llegar a la orilla. Y me quedé sin nafta. Tengo tanta mufa, soy tan piedra que saqué el barco de la tormenta y cuando estaba llegando a la orilla me quedé sin velas. Cuando me llamaron estaba muy cómodo allá. Y cuando te llaman es porque hay un lío fenomenal, nadie te llama de los punteros.

-Los jugadores suelen irse enamorados de Trelew.

-Hay un dicho, cuando ibas a jugar a Neuquén, dice que el que toma agua del Limay se queda a vivir para siempre. Bueno, jugué 5 temporadas en Independiente, 7 en Deportivo Roca. Yo ahora salí a correr y tomé agua de la laguna de los patos (Chiquichano); ¡tengo una gastroenteritis!

-¿No se te acercó ningún dirigente y te dijo “Tigre, ¿te querés quedar”?

-No uno: doce. Me ponés en un aprieto (se emociona). Es muy loco lo que está pasando. Nunca en mi carrera me pasó. Me presionan tanto que no puedo tomar una determinación y no quiero fallar. Así que me voy a tomar un tiempito. Es muy emotivo. Anoche fue la última reunión, estaba el presidente, y que te pidan eso supera todo. ¿Tanto me quieren? Pero me perdí, tengo que solucionar un montón de cosas. Tengo problemas, tengo a mi papá en un geriátrico –tuvo un accidente–, quiero ver a mis hijos, hace 9 años que estoy separado, tengo una mamá postiza, tengo muchos afectos. Anoche fue muy emotivo, creo que me daban hasta un helicóptero. Pero me abruma tanto cariño y tanta euforia. Y yo les digo paren, dénme un tiempo. “¿Quince días?”. ¡No! Hagamos una cosa, vengan a Cañada de Gómez, conozcan quién soy, vean mi entorno y ahí hablamos. Me emociona que estén tan convencidos del producto que yo vendí, y me pone mal. Me estoy yendo, la cena, y se te pone un nudo en la garganta. Yo quiero llegar a la “A”. Un dirigente muy copado me dijo: vos tenés que hacer crecer la criatura, enseñarle a caminar y que se largue, que sea tu proyecto, eso va a pegar mucho más que si me contrata Atenas. Prefiero irme y que quede la imagen de un tipo que vino a laburar. Y si sigo, la vara está alta; ¡hasta las papas fritas van a estar alineadas!

Fuente DIario Jornada – Martín Tacón

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