Leonardo Sandón “Soy Leyenda”

Leonardo Osvaldo Sandón nació en Bahía Blanca, pero desde chico llegó a la Comarca para convertirse en la leyenda del básquet local. Él fue el emblema de Valle Inferior en la Liga Nacional de Básquet, y a los 43 años conformó el equipo profesional de Ceferino Alianza Viedma en la temporada 2013/2014 en el Torneo Nacional de Ascenso.

“Leo” a lo largo de toda su carrera como basquetbolista fue salteando diferentes obstáculos, que lo alejó en dos oportunidades lejos de las canchas, en ambos por salud; pero el fuego interior del base de la Comarca fue más fuerte que la adversidad. Hoy sueña con la ilusión de poder celebrar un nuevo titulo de primera división con Sol de Mayo.

Detrás del Deportista:

Nombre completo: Leonardo Osvaldo Sandón

Deporte/posición: Básquet, base

Edad: 43 años

Fecha y lugar de nacimiento: Bahía Blanca.

Familia: Mi esposa (Monica) y tres hijas (Agustina, Jana y Valentina).

Hincha de: Olimpo de Bahía Blanca.

Banda de música: Estelares.

Libro: La pregunta en sus ojos.

Película: Dos: Revancha y El secreto de sus ojos.

Comida favorita: Pizza de jamón crudo con recula.

Ídolo deportivo: Kimi Raikonenn.

Una frase: “Los momentos malos que pase en la vida, me sirvieron para madurar, aprender y sobre todo para disfrutar doblemente los buenos”.

Un entrenador: Darío Buzzo

Profesión: Técnico en Industrias de la Alimentación.

¿De qué te arrepentiste?: De no haber compartido algunos momentos familiares importantes por cumplir con mi profesión.

Soy Leyenda

 Leo Sandón es el base que no envejece, el jugador de básquet que ha descubierto la alquimia de la eterna juventud. A los 42 años, les ganó a todos y a todo. Una figura imprescindible del deporte local, para siempre.

Los juegos deportivos de PlayStation traen un opción que se llama Soy Leyenda, en la cual un joven ficticio desarrolla una carrera deportiva, va recibiendo “ofertas” y creciendo en su desarrollo, hasta el retiro.
Ese destino de fantasía tiene correlatos reales. Pone a un anónimo amante de un deporte cualquiera a soñar algo que pudo haber sido y ya nunca será.
Pero hay historias y protagonistas reales que superan por mucho la imaginación de los programadores japoneses que desarrollan entretenimiento a escala global.
Leonardo Osvaldo Sandón, Leo, es uno de estos casos, en los que la realidad supera a la ficción.

Leo es la leyenda que sigue vigente, el base que no envejece, el jugador de básquet que ha descubierto la alquimia de la eterna juventud.
A los 42 años comandó a un equipo limitado a un subcampeonato del áspero primer torneo del año en el básquet local. Compitió de igual a igual con pibes que o usaban pañales o no habían nacido mientras él ascendía a la Liga Nacional con el Deportivo Valle Inferior. Que no saben, no vieron ni escucharon que Leo, solo, ganó un Campeonato Argentino para Neuquén anotando en la última bola, en una jugada muy similar al primer triunfo del Depovi en la máxima categoría del básquet nacional, en el Once Unidos de Mar del Plata frente al histórico Quilmes. Que quizá escucharon, pero poco conocen que le jugó dos veces a la muerte, cara a cara, y la cagó a pelotazos.

Tal vez Leo quiso retirarse. Una y otra vez. Se fue, pero siempre tuvo que volver. El fuego interior siempre se mantuvo al máximo. Debe sentir una fuerza incontenible cada vez que prepara el bolso. Y muy en su interior debe mirar con una sonrisa ciertos divismos de jugadores que tienen 20 o 15 años menos que él.
Jugando no es un santo. Nunca lo fue. La inocencia no es parte de su ser. A diferencia de lo que puede apreciar el público, Leo es mañoso, duro y no regala nada. Pero hasta en eso tiene una inteligencia deportiva que le saca diez campos de ventaja al resto. Por eso parece que siempre los árbitros lo protegen, lo cuidan, que él mismo conduce las actitudes de las autoridades.
Leo es un manual del básquet. Una fuente inagotable de recursos y sabiduría, entrega y pasión, con bondad y maldad en dosis justas para competir en cualquier nivel.

Está claro que no se mantuvo en la elite del básquet nacional por muchos años por una sola razón: no quiso. Privilegió otros aspectos de la vida. La familia, su lugar en el mundo (Viedma), los amigos. Tuvo otras inquietudes, estudió. Eso también lo hace distinto.
Fue campeón con Villa Congreso, Atenas, Jorge Newbery y Sol de Mayo. Es el jugador más dominante del básquet local desde que desembarcó definitivamente en este nivel, hace más de 15 años. También ganó el Torneo Nacional de Ascenso y un campeonato Argentino de Mayores.

Pero todo el palmarés no es lo más importante.
Si alguna vez, a los 60 o 70 años, su físico lo obliga a dejar el parquet está obligado a seguir enseñando definitivamente del otro lado, aunque ya lo hizo y lo sigue haciendo como entrenador. Leo tiene que enseñar también otras cosas. Tiene mucha vida para contar, es un modelo imprescindible para todo aquel nene o nena que pretenda jugar básquet. O simplemente vivir.
Siempre entrenó y se cuidó como un profesional, aún jugando en un nivel general muy inferior al suyo. Respetó a todos y por eso se ganó el respeto y un lugar en la cúspide del deporte local de todos los tiempos, que quizá aún no advirtamos porque somos contemporáneos.
Leo Sandón ya es leyenda.

04-07-2013

Juan Gorosito
Gentileza Diario Noticias de la Costa.-

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