Los árbitros, el 27° equipo del TNA

Cómo se preparan, cómo llegan, qué sienten y cómo conviven con el error los encargados de impartir justicia en la categoría. La palabra de los que nunca son nota, una mirada al día a día de los protagonistas que aunque cumplan una tarea brillante, igual serán criticados

Nunca conocerán la miel de la ovación de una hinchada. Aunque hayan tenido una tarea formidable deberán dejar el estadio con custodia y raudamente, nada de andar haciendo sociales en el medio del rectángulo. Nadie cubre sus prácticas, muy pocos saben cómo llegan o cómo se van y jamás de los jamases firmarán un autógrafo ni darán una nota analizando el juego. Su promedio de efectividad puede ser superior al 90 por ciento (el sueño de cualquier jugador) y aún así serán criticados, porque tienen que ver todo y a todos. E incluso siendo brillantes, alguien nunca quedará feliz. Conviven con el error y la obligación de superarlo y superarse. Es la injusticia de la justicia deportiva, el trajín del arbitraje, una profesión extremadamente particular, que también tiene análisis, estrategia, logística, entrenamiento físico y mental. Una historia que merece ser contada.

Después de meses de espera, la ansiedad está en su punto más alto en las horas previas a la primera designación de la temporada. Pero antes hubo un trabajo y requisitos a cumplir para estar a la altura. “Nos mantenemos en actividad durante los recesos dirigiendo torneos locales y provinciales, más allá de un trabajo físico que te permite revalidar cuando se realizan las pruebas alrededor de veinte días antes del inicio de temporada, generalmente en el Cenard”, explica Ariel Rosas, uno de los apellidos habituales desde hace ya un largo tiempo en el Torneo Nacional de Ascenso.

Alejandro Zanabone, por su parte, describe que trabaja con “un profesor de educación física que además es kinesiólogo y se entrena de una manera durante los meses de actividad, y de otra luego, realizando una pretemporada que te permite estar bien todo el año”.

Con itinerario en mano, cada juez sabe qué será de su destino inmediato, sus compañeros en cada uno de los juegos de la semana y el recorrido a realizar, a veces digno de un encargado de agente de viajes. “Con el formato de competencia si tenés otro trabajo además del arbitraje hay que recurrir a las licencias deportivas, a los permisos y hasta las vacaciones para poder estar en los partidos. Ese fue un cambio importante en la vida de la mayoría de los árbitros”, cuenta Rosas, quien se desempeña en la administración de la Policía y mantiene la doble actividad ya que está próximo a retirarse cuando cumpla los 25 años de servicio.

Leandro Lezcano intercala su tarea en el TNA con algunas apariciones en Liga A y la convocatoria a varios torneos internacionales. El santafesino reconoce que la profesión de árbitro lo tiene dedicado a tiempo completo: “Para muchos esta profesión ocupa gran parte de tu vida porque son muchos días afuera y es difícil combinarlo con otro trabajo. Hay que organizar a la familia para eso, porque en mi caso tengo un hijo de un año y medio y como mi mujer trabaja los cuidan mis padres o mis suegros. Eso sí, cuando estoy en casa paso mucho tiempo con él, lo disfruto porque después vienen viajes largos y te mantenés en contacto por videollamadas o las fotos que te mandan”.

“Una vez que se conocen los partidos, vamos buscando los horarios y empresas de colectivos que nos permiten llegar a tiempo. Si se puede dormir en el hotel, mejor y sino en el coletivo”, cuenta Lezcano, mientras que el experimentadísimo Pablo Leyton lo refrenda: “A esta altura ya somos especialistas y conocemos todas las combinaciones y conexiones para poder cumplir en tiempo y forma”.

De la cancha a la ruta y después al hotel para preparar el siguiente juego. En todo aspecto. “En lo físico siempre hacemos elongación y ejercicios en el gimnasio del hotel o en la habitación”, cuenta Lezcano, mientras que Alberto Ponzo toma la posta para apuntar al análisis previo del partido: “Se buscan los últimos resultados para saber cómo llegan los equipos y después se realiza la charla previa en la que conversamos sobre los jugadores de cada equipo, si alguno puede ser conflictivo o si alguno colabora con nuestra la tarea”.

“Desde que se recibe la designación por correo electrónico uno empieza a trabajar el partido reconociendo los equipos, características y técnicas individuales de los jugadores y grupales, hoy poseemos la tecnología necesaria para poder ver todos los partidos incluso el juego que vamos a arbitrar si es que ya se disputó antes, recabando todo tipo de información que sea necesaria”, amplía el rosarino Cristian Alfaro, a la vez que Lezcano agrega una mirada aún más puntillosa: “También nos fijamos si los entrenadores son de meterse en la cancha, tratar de mantenerlos en su área. Y saber lo que puede pasar según a lo que juega cada equipo, si hacen presión por ejemplo, a estar atento a eso”.

Los árbitros también tienen su plan de juego, que puede variar durante el encuentro. “En las charlas durante el partido en los minutos o en el entretiempo vamos analizando si hay que corregir, o hay algo que no habíamos previsto. Es como si fuera un equipo, si algo no está saliendo bien, en juego sin pelota, agarrones, cortinas, hay que modificarlo”, cuenta Lezcano.

El error, el maldito enemigo, el que siembra la semilla de la desconfianza, desenfoca y complica: “Es algo con lo que convivimos a diario y la premisa es no llevar el error a la próxima jugada, lo que se llama comúnmente compensar. Lo que hacemos es juntarnos en el partido y si en algún caso tu compañero la ve mejor y se puede, hay que corregir. A mí me parece bárbara la colaboración de un compañero o de la mesa de control si es que lo requerimos”.

Cristian Alfaro ratifica el concepto: “Nos preparamos mentalmente para convivir con el error, ya que es parte del juego. Intentamos estar en el lugar indicado para tomar la mejor decisión pero en el caso de darnos cuenta de que cometimos un error tratamos de que no nos afecte en posteriores decisiones. Buscamos llegar a la máxima concentración, eso se trabaja, en mi caso la psicología deportiva es una herramienta de gran utilidad”.

Claro está que los árbitros no siempre dirigen igual y a veces la experiencia trae aparejada otra mirada y brinda “muñeca” para manejar situaciones “Los años le dieron a mi arbitraje la capacidad de estar muy maduro y enfocarme sólo en el juego. La gente siempre va a presionar de alguna manera para que su equipo pueda ganar, pero estar entrenador bien en lo físico me sirve para tomar decisiones en momentos clave. La experiencia te permite dirigir mejor y con mayor tranquilidad”, describe el mendocino Leyton, quien recuerda año y partido en el que debutó en la categoría: “Fue Siderca de Campana ante River en el 91. Jugaban Pagella, Raffaelli y Duffy”.

El chaqueño Héctor Wasinger coincide en que los años hacen mutar la forma de dirigir, y no sólo cambian las reglas: “Es cierto que por las modificaciones reglamentarias se va cambiando el juego de la categoría, pero en lo estrictamente arbitral también uno no es el mismo que cuando comienza. Hoy me encuentra con más experiencia, más calmado, buscando la aplicación de las reglas pero buscando el espíritu. Cuando uno recién incursiona trabaja mucho sobre lo estrictamente reglamentario y con el paso del tiempo le van encontrando el sentido al espíritu de la regla y va tratando de aplicar lo que es necesario para el juego y no lo que es la letra fría”.

Wasinger hace memoria y recuerda su primer juego: “Fue en 2002, Sionista-Quimsa en un televisado. Es un hermoso recuerdo. Fue el año que ascendieron los dos”. Y los experimentados se encargan de aconsejar a los más jóvenes y guiarlos en los siempre complicados primeros pasos.  “Tuve la gran posibilidad de ver debutar a muchos de los chicos que hoy dirigen TNA y también a varios de los que están en la A. Al hacer las cosas bien van saliendo gente nueva es una gran satisfacción”, cuenta Leyton y Zanabone brinda unos tips que todo veterano debe cumplir: “Cuando nos toca pitar con ellos nos enfocamos en hacerlos sentir cómodos, que sepan q si bien la competencia es distinta, si ellos están ahí por algo es, nadie les regaló nada así que el trabajo es más de psicólogo que de análisis de juego. La predisposición es muy buena, las ganas de aprender y mejorar es notable. Ellos deben saber que la base del éxito está en la concentración”.

Ariel Rosas afirma que “a mayor nivel de competencia más sencillo es poder dirigir porque se dedican a jugar”. “Los árbitros jóvenes se adaptan muy bien y soy un convencido que si alguien llegó es porque lo merece”, completa el mendocino.

Maxi Piedrabuena llegó al TNA en 2007 tras tres temporadas en la Liga B y recuerda cómo fueron los primeros pasos: “Varios jueces me aconsejaron y me transmitieron experiencias, desde los más grandes como Ariel Tosello y Fario Alaniz que ya eran muy reconocidos en la categoría y otros con menos experiencia pero de los cuales tengo muy lindos recuerdos de mis inicios en el TNA, como Rodrigo Castillo y Ale Zanabone. Recuerdo que una de las particularidades de la categoría era la diferencia de velocidad con la que se movía tanto la pelota como los jugadores, y la calidad de los mismos, muchos que son leyendas del TNA como Pedemonte, Sepúlveda, Cansina, Tomatis o Romay”.
Y Piedrabuena agrega a un protagonista vital, quizás el único “hincha” que tienen los árbitros en el partido, el comisionado técnico: “Los comisionados son un gran aliado y apoyo en los juegos. Tienen una gran labor en lo que respecta a lo administrativo de los partidos y eso hace que nosotros trabajemos tranquilos en la cancha. Muchos de ellos están desde los inicios de la Liga”.

Y como son un gran equipo esparcido por toda la geografía nacional, el contacto se hace vía whatsapp. “Tenemos un grupo en el que nos mantenemos al tanto de cómo vam los viajes, y cunado termina el partido pasamos los resultados y contamos si fue tranquilo, si fue en suplementario. Hay buena onda y no faltan bromas”, confiesa Raúl Lorenzo, quien tiene una larga lista de partidos para recordar entre los más apasionantes que le tocó arbitrar: “Un juego que definió descenso entre Alma y Ciudad de Bragado, un cuarto juego de la final entre Olímpico de La Banda y Unión de Sunchales, o cuando Monte Hermoso le ganó a Olimpia en Venado, la final San Martín Corrientes con Estudiantes de Concordia, otra final entre Argentino y Oberá o el partido de permanencia entre Firmat y San Martín de Marcos Juárez, las canchas explotaban, se siente la presión y son partidos tremendos”. Lorenzo conserva una camiseta de cada temporada en la que dirigió: “Una se guarda y después las otras se regalan a los chicos que no dirigen liga y nos piden. Ya conseguir una pelota del juego es mucho más difícil, porque hay que pelear con jugadores y con tus compañeros, es una toda una batalla (se ríe)”.

“Hay localías muy fuertes y canchas donde la gente se hace sentir. Me gusta dirigir en esos estadios. Personalmente nunca tuve problemas mayores, pero si recuerdo una serie de playoff muy dura que fue Quilmes de Mar del Plata y Estudiantes de Concordia. En el TNA toda la temporada se dan partidos muy disputados y entretenidos para dirigir”, cuenta Toto Ponzo, mientras que Ariel Rosas elige la final entre Quilmes de Mar del Plata y San Martín de Corrientes: “En ese partido me quedé con la pelota del juego. Fue un marco increíble y recuerdo que estaba de moda que la hinchada cante el himno como se estaba haciendo en el mundial de rugby. Y me puso la piel de gallina”.

Es que los jueces también se emocionan, aunque se los obligue a la cara de piedra y la máscara de seguridad pretenda ocultar sus sentimientos. Son parte necesaria del básquet y del TNA, viven momentos durísimos y otros felices como los jugadores o los entrenadores. Ellos también tienen una historia que merecía ser contada.

*David Ferrara fue productor periodístico de las transmisiones televisivas del Torneo Nacional de Ascenso durante diez años. Periodista del diario El Ciudadano de Rosario. Docente en Tea Rosario y en Ieserh Rosario. En Twitter @davidferrara35.

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