Los une el deseo, los separa el objetivo

Salto inicial para el último escalón hacia la gloria y el ascenso en la temporada del TNA. Apoyados en méritos deportivos y grupales, Comunicaciones de Mercedes y Estudiantes de Olavarría le darán vida a una final que promete paridad.

Son sólo dos equipos los que llegan al final del recorrido. Y lo hacen con sus méritos, sus virtudes, y con el factor suerte como aliado para atravesar los vaivenes de largos meses de competencia, los kilómetros en el camino y los rivales que van plantando cara en cada día de juego.

Muchos entrenan a fondo, otros tantos juegan muy bien, son varios los que cuentan con planteles de jerarquía y entrenadores capacitados, y ni hablar del apoyo de hinchadas seguidoras e instituciones serias. Y sólo dos llegan a un terreno reservado para elegidos en el que la pugna tiene el premio enorme de la Liga Nacional.

Por eso el destino juega, es capaz de mover un cruce, modificar rivales o definir una serie por una bola en el cierre, por un pitazo fortuito, por una derrota inesperada o una victoria que no estaba en los planes, y ayuda a escribir la historia. Porque el deporte es así, porque ser el mejor no significa ser invencible, pero tampoco perder significa fracasar.

A la gloria se llega subiendo los escalones, vivenciando los pasos y atesorando los momentos; lejos está de ser sólo el efímero momento de levantar la copa o cortar la red, esa es la postal para los familiares e hinchas, pero la gloria se queda adentro para siempre y se construye en el trayecto, cuando una pelota coquetea con el aro y entra, o cuando se gana un juego increíble en la última bola. Es el juramento y la arenga antes del partido, es el grito de guerra con los compañeros, es saber que el de al lado quiere algo tan fuerte como lo deseas vos. Momentos, detalles, así se forja un campeón.

Comunicaciones de Mercedes y Estudiantes de Olavarría recorrieron ese camino, sortearon pozos, atravesaron desafíos, forjaron méritos y argumentos para justificar su andar victorioso, pero también fueron juguetes del destino, que los miró a la cara y les devolvió una sonrisa.

Un ignoto elenco correntino (perdón por el atrevimiento) y un gigante del básquet nacional se enfrentarán desde esta noche en una serie final que no sabe de historiales ni magnitudes e incluso es imposible de analizar a fondo por el simple hecho de que no se midieron en toda la temporada. Pero los une el deseo, la búsqueda, el destino.

“Desde temprano en la temporada tuvimos una identidad con la que estoy muy conforme. Los roles en seguida fueron aceptados y llevados a la práctica. De esa manera se potenciaron las cosas buenas y se sortearon los errores”, explica Gustavo Lobito Fernández, el DT que volvió a su segunda casa y que ya generó nuevas alegrías en la familia del Bataraz: “Nos sentimos fuertes en la temporada, veíamos las cosas buenas y no nos lamentábamos por las malas, las íbamos atravesando y superando. Tuvimos un bache al inicio de 2017, que eso siempre te hace titubear un poco, pero pudimos volver a meternos de lleno en lo que había que hacer”.

Fernández sabe que para ser campeón, Estudiantes debe saldar una deuda “externa”: “Si bien no fuimos contundentes de visitantes, pudimos hacernos fuertes en nuestra localía y tuvimos la suerte definir en casa incluso en las finales del Sur. Ahora la mentalidad debe ser diferente porque al menos tenemos que ganar un partido afuera”.

Y dice no guardar secretos en cuánto a la final que imagina, pero tampoco pone las cartas sobre la mesa. Y es lógico. “No hay misterio en cómo plantear el partido. Cuando uno no se ha enfrentado no hay tantas referencias pero vimos los videos y conocemos a los jugadores”, analizó y agregó: “Tenemos que apostar a lo nuestro. Ceder un poco en algunas cosas para ajustar otras, tratar de ver si podemos hacer que el juego de ellos pase por donde nos conviene y después iremos viendo partido a partido cómo se da la serie”.

Enfrente está Fernando Tulo Rivero, otro entrenador con recorrido que realiza una radiografía exhaustiva del porqué de Comunicaciones en la final: “Tenemos jugadores importantes para la categoría, que la conocen, pero además pudimos armar un equipo largo con los juveniles que nos brindaron soluciones. Cada uno fue resignando un poco por el bien del equipo, y ofensivamente nos destacamos, pero también lo hicimos en defensa. Si bien al principio nos costó hacer pie al ser un equipo nuevo, cuando tomamos regularidad fuimos consistentes. Todo eso alimentó las ganas de llegar a la final, y si bien el objetivo inicial era estar a la altura de la competencia, fuimos elevando ese deseo”.

La planificación está atada a la incertidumbre de no haber estado cara a cara en un rectángulo, y eso le añade una particularidad a la serie: “Uno mira el scouting o sigue por televisión al rival, pero no es lo mismo que verlo en acción ante tu equipo. En este caso el primer partido pasa a ser de estudio. Obviamente es un equipo importante, con varios jugadores que estuvieron en A y eso otorga un plus. Tienen un entrenador al que le gusta que sus conjuntos jueguen bien. Después de todo el trajín llegan los dos mejores equipos e imagino la serie luchada, tácticamente con cambios o ajustes de partido a partido. En el primer juego, al no habernos enfrentado, los objetivos son cortar circuitos, anular situaciones, pero apostar a lo nuestro. Sabemos que vamos a tener que trabajar bastante”.

Nicolás Lauría es pieza clave de Comunicaciones. Y al solicitar realzar virtudes, tiene una larga lista: “Hicimos un trabajo increíble durante todo el año, formamos un equipo con todas las letras, con la contención de la dirigencia y un cuerpo técnico de excelencia. Comprometerse con la causa a veces da sus frutos y tuvimos la jerarquía, la calidad y también quizás algo de suerte para llegar a esta instancia. Nos lo merecíamos por los nueves meses de trabajo intenso, con altos y bajos pero focalizados en el objetivo. Tenemos que dar todo para cerrar la temporada de la mejor forma”.

“Conocemos a todos los jugadores, qué les gusta y qué no. Estamos confiados en hacer un gran trabajo y después se puede ganar o perder. Por algo somos los campeones de Norte y Sur, hay mucha riqueza técnica y va a ganar el que esté en los detalles partido a partido”, resume Lauría con claridad de concepto y no duda en definir esta chance de ser campeón como una búsqueda de redención: “No tengo dudas de que es una revancha. El año pasado me quedó la espina de no poder ascender en el quinto partido y estar otra vez en la final por el ascenso no es algo que se dé tan seguido. Esperemos que esta vez se pueda dar el ascenso”.

Desde que llegó hace ya varios años para jugar el Federal, Rodrigo Sánchez estrechó lazos con Olavarría. Hoy ya es parte del inventario del club y uno de los adorados por la gente. “Estamos contentos, jugamos casi toda la temporada sin extranjero y con una ficha menos. Pero quizás por eso el equipo se potenció mucho, el trabajo del día a día nos sirvió”, explica el rosarino, quien fundamenta su análisis de situación: “Que no haya jugadores determinantes y que no exista egoísmo fue clave. Que nos pasemos mucho la bola hizo que lleguemos hasta acá, porque hay mucho compañerismo, un grupo humano de primera”.

Sánchez imagina una serie con paridad: “Creo que va a ser una final pareja. En estas instancias se juega al límite todo el tiempo y se da la particularidad de que no nos enfrentamos en toda la temporada y eso a veces te juega a favor y otras en contra. Ojalá lo podamos resolver de la mejor manera”.

Parecido lo piensa Ariel Pau, uno de los responsables del goleo correntino. “Creo que va a ser una final larga y tal vez el juego inicial sea un poco raro, pero creo que hay que aprovecharlo para dar el primer golpe, que es muy importante”, cuenta y brinda una mirada desde lo personal, también con experiencias en finales: “Aposté a jugar el TNA porque físicamente me faltaba un poco más de preparación para llegar bien a la pretemporada a la Liga A. Esta será la tercera final por el ascenso, porque una la gané con La Unión de Formosa y otra con San Martín. La estoy disfrutando un poco más, con más edad y ayudando a los más chicos que no tienen tanta experiencia en esta instancia. Por eso estoy orgulloso de la elección que tomé y espero poder cumplir con los dos objetivos, lograr el ascenso y volver a La Liga”.

Kily Romero es otro de los jugadores del elenco de Mercedes que tienen un recorrido interesante en el básquet nacional y que le toma el gustito a los apasionantes playoffs que han atravesado: “Lo disfruto mucho. No es el final de mi carrera, pero se está aproximando, y sentirme competitivo en un proyecto tan importante es muy lindo. Son instancias para disfrutarlas, para estar con la cabeza puesta de lleno porque no pasa tan seguido estar en finales”.

“El equipo está muy bien. Lo que pasó contra Hindú fue sorpresivo porque pudimos resolver de la mejor manera y rápido una serie que personalmente creía iba a ser muy complicada. Eso nos puso muy arriba, estamos entrenando bien pero también ansiosos de ver la cancha llena y vivir la serie final”, resumió el experimentado jugador de Comu.

En el “campamento” de Estudiantes, también hay ganas de disfrutar la final, pero a apuesta es a no permitirse el tan temido relax. “Hay algo que nunca negociamos durante todo el año, que es el trabajo continuo, no relajarnos nunca, y querer superarnos individual y colectivamente”, resume Diego Figueredo y amplía su concepto: “Hay un mérito como equipo que sabemos que es nuestro sostén, que es tolerarnos con errores y virtudes. Siendo conscientes de que tenemos momentos malos y buenos. Eso hizo que nos mantengamos regulares durante el año y en las primeras posiciones. Otro punto importante es que siempre pusimos por delante el equipo sobre lo individual y eso hace que seamos más peligrosos para los rivales”.

De magnífica temporada, Figueredo coincide con compañeros y rivales en las particularidades que tiene este duelo en la previa: “Va ser una serie dura, ambos equipos son buenos y si estamos en la final es por que fuimos superiores a los demás. Es una realidad que nunca nos enfrentamos y con el correr de la serie nos iremos conociendo más de lo que se puede apreciar en los videos. Ellos tienen muchas variantes ofensivas y con jugadores de mucha experiencia en la categoría que saben cómo jugar estas finales. Trataremos de cerrar esas vías ofensivas, pero lo mejor que podemos hacer es ser nosotros, sabiendo que poniéndonos peligrosos podemos generar muchos más problemas al rival”.

Los partidos los piensan los entrenadores, los disputan los jugadores, pero hay personas que lo sufren tanto o más que ellos, con la cuota de responsabilidad y de pasión que sólo puede tener un dirigente. Y en ambos bandos la alegría es desbordante, pero también el trabajo a destajo para que sea una final inolvidable.

“Es una gran alegría para nosotros llegar a esta etapa del torneo. Lo vivimos con responsabilidad también, porque tenemos que estar a la altura de una final y de lo que es la institución. En la final de la Conferencia Sur el estadio estuvo colmado y para el tercer juego, en el que seremos locales esperamos un marco incluso superior. Venimos trabajando fuerte en marketing y comunicación para poner la cancha en condiciones, para brindar un buen espectáculo y presentar bien los partidos”, informa Cruz Arouxet y la ansiedad desborda desde el mismísimo tono de voz.

No se queda atrás Mario Fernández, quien tendrá el honor de ser el anfitrión de los primeros juegos de la serie allá en la convulsionada Mercedes: “Estamos felices de poder llegar a esta instancia, la ciudad está revolucionada, andamos por la calle y la gente nos agradece. Para esta serie vamos a colocar tribunas extras para ampliar la capacidad en 600 lugares más. La verdad es que estamos muy agradecidos a la gente, al cuerpo técnico y al plantel. Comunicaciones quiere jugar la Liga A”.

El sueño es el mismo, la ilusión que los desvela también, el cosquilleo recién se irá por la noche, cuando la primera bola vaya al aire, pero la locura tal vez dure semanas con el transcurrir de la serie y el trayecto final hacia la gloria. Los dos hicieron lo suyo, sólo resta dejar todo y estar atento a sonreír cuando el destino guiñe un ojo.

Fuente: David Ferrara

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