Una pasión atesorada en cientos de camisetas

El viedmense Pablo Mansilla tiene una colección de casi 300 prendas que comenzó a juntar hace más de 20 años.  Excelente nota del diario Rio Negro

Todo lo que rodea en la actualidad al movimiento del coleccionismo, que en el mundo se ha convertido en fenómenos cultural y social, no pasa por la mente de Pablo Mansilla. Sin embargo, este deportista viene sumando puntos a pasos agigantados con la recopilación de 290 camisetas de básquet, y como para conseguir un lugar en el Guinnes World Records, que aun no tiene postulantes en este rubro.

De adolescente, y sin quererlo, comenzó a poner un toque de locura a esta costumbre. “A los 15 cuando jugaba, comencé a coleccionar como para usarlas, pero me di cuenta del ‘hobby’ cuando ya no entraban en el placard”, explica a DeViedma en un pequeño santuario que tiene en su vivienda de esta ciudad donde los cuadros del baloncesto se reparten por todos las paredes.

Ahora ya las tiene ordenada por color como para que queden identificadas. Quizá sin haber adiestrado la mirada como un coleccionista profesional, muestra este verdadero patrimonio deportivo en forma completa y muy bien organizado, mediante el uso de un perchero de boutique.

El armazón de caños crece en atuendos deportivos a partir de regalos, obsequios y pedidos; principalmente. Todos con una historia detrás. “Tengo amigos que me mandan porque saben que colecciono y a veces, me paso de ‘caradura’ como por ejemplo, cuando le escribí a Bruno Gelsi que se retiró en Independiente de Neuquén, y me envió la camiseta de su último partido en 2015”, apunta.

foto-dos

Poco tiempo atrás, Pablo (37) recibió un llamado telefónico de uno de los destacados de la Liga Nacional. Era el maragato Leo Schatmann. Le avisó que estaba a su disposición un ejemplar de Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia, del momento en que ese equipo disputó la histórica final de la última temporada contra el campeón Quimsa.

Mientras se reparte como actual jugador de Sol de Mayo, en su actividad de coleccionista tiene una impronta que le apasiona y le conmueve. No le gustan las camisetas de las 30 o 40 franquicias de la NBA, y en consecuencia prefiere juntar las de clubes que no tienen tanta masividad pública. Afirma en ese sentido que “no soy de gastarme 1.000 pesos por una, sino que busco la de clubes locales, regionales o nacionales porque para mí tienen más valor” aun cuando en el perchero estén descoloridas o bien no hayan ingresado al lavarropas.

Del placard al perchero tuvo que pasar a partir de que su amigo y compañero de equipo “Fito” Vasino, en Villa Congreso de Viedma lo nombró heredero de toda su ropa competitiva. “A él -recuerda- nunca le gustaba lo que le daban en la gran cantidad de equipos que jugó, y entonces me la mandaba a mí”.

foto-tres

En su perfil de facebook, invita a sus conocidos, sobre que en su casa de San Luis al 800, donde se exhiben; se reciben este tipo de regalos. Su padre -”Tony”- contribuyó en demasía porque durante muchos años estuvo a cargo del transporte de delegaciones de básquet por todo el país, y de vez en cuando, se le aparecía con una reliquia. En su familia todos están de acuerdo, y a veces “mi señora me reta porque no las uso”, concluye.

La N° 282 es una muy linda camiseta del Club La Salle, de Tarija, Bolivia traída por el extranjero Howard Willkerson -hoy en Atenas de Patagones que disputa el Torneo Nacional de Ascenso (TNA)-, la 289 del CB Grup Barna de España entregada por su primo Martín Aguirrezabala, exjugador de ese equipo. Finalmente llegó la 290, de Sol de Mayo, donde salió campeón en el recientemente finalizado Oficial de la Asociación Valle Inferior.

Pascal, un filósofo y matemático francés, acuñó la famosa frase: “a veces el corazón tiene razones que la propia razón no conoce”. La costumbre de Pablo, nada tiene que ver con el razonamiento lógico porque para él, la pasión por un deporte se atesora en un valor que se llaman camisetas.

 

Fuente Diario Rio Negro – Fotos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.