“Viví el ascenso de Villa Mitre como un hincha más” Javier Bollo

Javier Bollo y el regreso al tricolor. Su paso por tres clubes del Federal. La película de terror en un complejo turístico. “Es el momento de pegar un saltito”, dijo sobre la Liga Argentina.

Con su regreso a Villa Mitre para jugar a partir de enero la Liga Argentina (la situación con el coronavirus tendrá la última palabra) el bahiense Javier Bollo logró dos objetivos: reencontrarse con la mística tricolor y jugar por primera vez en un nivel superior.

   A fines de 2017 el centro (2m03 y 28 años) quiso probarse en otras latitudes. Primero fue Atlético Tala, después Ferro (Madryn) y por último Neptunia (Gualeguaychú), todos del Torneo Federal. Hubo, además y tras la experiencia en Tala, un paso por Leandro N. Alem en el torneo ABB. Sin embargo, siempre lo sedujo volver a ser un Guerrero.

   “El llamado había estado de la temporada pasada, pero ya había cerrado en Neptunia. Temprano, porque en general siempre trato de arreglar así y sacarme ese tema de la cabeza. Pesó más la palabra. Pero este año, ni bien terminó la temporada, se habló otra vez de volver (a Villa Mitre). Y como a esta altura con los dirigentes ya somos como amigos, arreglamos rápido. Tenía ganas de volver al club, asentarme en la ciudad y ver si puedo concretar un emprendimiento personal”, contó Bollo.

   El corte abrupto de la temporada por la cuarentena, a mediados de marzo, lo encontró jugando en Neptunia. Y las primeras semanas de confinamiento, en una situación casi de película de terror.

 “En Neptunia el balance en lo deportivo fue muy bueno. Encontré un club muy familiar en el que me trataron excelente tanto en lo humano como en lo deportivo. Diría que donde mejor me trataron. Nos dieron más de lo que habíamos arreglado por contrato”.

   “Para cuando pararon el torneo, la verdad, me sentía cansado por el trajín de la temporada. Al principio creí que el parate me serviría como un período breve de descanso, pero ahora quiero y necesito entrar a la cancha”, agregó.

   “Neptunia me dio un departamento dentro de un club privado. Un complejo turístico de fin de semana.  Y cuando se dio todo esto, quedé solo y encerrado en un complejo de 10 departamentos. No había nadie. Y tampoco permitían ingresos”, dijo en relación a esas semanas dentro del Club de Pescadores de Gualeguaychú, a la vera del río del mismo nombre.

   “Sólo tenía un permiso para salir desde el mediodía hasta la una de la tarde para ir a buscar el almuerzo. Era eso o que me lo mandaran por un cadete, pero aprovechaba para salir y respirar un poco fuera del predio. Si bien el complejo tenía cancha de básquet, tenis, fútbol y me sentía muy cómodo, necesitaba salir”, dijo.

“Me trataron excelente”

   En el balance deportivo de últimos tres años, las experiencias fueron muy diferentes. Justamente lo que Javier fue a buscar.

   “En Neptunia el balance en lo deportivo fue muy bueno. Encontré un club muy familiar en el que me trataron excelente tanto en lo humano como en lo deportivo. Diría que donde mejor me trataron. Nos dieron más de lo que habíamos arreglado por contrato. Y deportivamente terminamos segundos en la zona de Entre Ríos, aunque físicamente estábamos cansados”, explicó.

 “Pero el DT sabía diferenciar lo que era el jugador adentro y afuera de la cancha. Era muy temperamental. Por ahí discutíamos y nos mandábamos a la mierda, pero al otro día venía a casa a la mañana a tomar unos mates”.

   “El entrenador (NdR: Francisco Garciarena) y el preparador físico nos exigían mucho. Por ejemplo el turno matutino empezaba 9.30 y terminaba 12.30. Y a la noche arrancaba 20.30 y por ahí lo terminábamos 0.30. Pero el DT sabía diferenciar lo que era el jugador adentro y afuera de la cancha. Era muy temperamental. Por ahí discutíamos y nos mandábamos a la mierda, pero al otro día venía a casa a la mañana a tomar unos mates”, recordó sobre lo ocurrido en la edición 2019-20.

El DT lavaba la ropa

   Atlético Tala fue su primer destino al despedirse de Villa Mitre (fines 2017).

   “Fui para probar la experiencia, tenía ganas de irme de Bahía. Llegué a uno de los dos clubes que tiene Rosario de Tala, un pueblo donde se vive muy fuerte el básquet. Allá viven para los jugadores de básquet. Les interesa ver quién llega, de dónde viene… El clásico se vive a cancha llena, va todo el pueblo. Me trataron excelente. Los hinchas del club te invitan a comer todo el tiempo. Si uno tiene que elegir un club para irse por primera vez, es ése. Tiene sus contras en el aspecto deportivo porque es todo muy de pueblo”, recordó.

   Desde ahí el básquet lo ubicó en otro club, otra ciudad, otra mentalidad y objetivos. Mayor presión también.

   “Ferro de Madryn era otra cosa. Era un equipo que se armó para jugar el ascenso, en el que no había problemas económicos. Al llegar cada uno tenía su locker, tres juegos de ropa de entrenamiento… En las prácticas de la mañana hacíamos un parate intermedio para desayunar y la taza llevaba el nombre del jugador y una foto… En Tala capaz que el entrenador o algún hincha del club se llevaba la ropa para lavar. Vivencias muy diferentes”, reconoció..

   “En Ferro nos dirigió Tati (Andrés) Del Sol. Compartí equipo con Leo (Leandro) Cecchi, Cholo Martirena, Jonatan Ledesma… Jugadores franquicia del Torneo Federal y otros de Liga Argentina. Clasificamos directo a playoffs, pero las cosas no se dieron. Había muchas diferencias entre el entrenador y algunos jugadores”, recordó Bollo.

Ascenso y retorno

   Javier vivió con Villa Mitre las primeras experiencias del club en el Torneo Federal (2015-16 y 2016-17). Hoy regresa para afrontar la segunda campaña de Los Guerreros en la Liga Argentina.

   “Terminé de jugar en Madryn y al volver a Bahía fui a ver los partidos de Villa Mitre en playoffs de esa misma temporada. Viví el ascenso como un hincha más. Y cuando volvieron de Zárate, salí con los chicos a festejar el ascenso como si lo hubiera ganado yo… Además se dio que Franquito Ruesga se lesionó y de reemplazo llegó Juan Fumaneri, amigo y con quien fuimos compañeros en Tala”, dijo.

   “Ferro de Madryn era otra cosa. Era un equipo que se armó para jugar el ascenso, en el que no había problemas económicos. Al llegar cada uno tenía su locker, tres juegos de ropa de entrenamiento… En las prácticas de la mañana hacíamos un parate intermedio para desayunar y la taza llevaba el nombre del jugador y una foto…”.

   “Por eso digo que la idea siempre fue volver al club, a la ciudad. Lo tomo como un desafío personal. Es una responsabilidad, como siempre desde que jugué los primeros Federales y el torneo local. Vivo esta nueva etapa con mucho compromiso hacia el equipo y la institución. Volver a jugar en Villa Mitre es concretar un objetivo grande”, reconoció.

   Bolló también habló del salto de categoría. Que será una vivencia nueva, a pesar de otras ofertas.

   “Los años anteriores había tenido propuestas de Liga Argentina. Por ejemplo el año pasado tuve la chance de estar en Tomás de Rocamora y en Gimnasia (La Plata), pero preferí Neptunia y el Torneo Federal porque en Entre Ríos viajás poco para jugar con los rivales. Y para mí, que por la altura sufro el tema viajes, fue bárbaro. Y a nivel deportivo, como en la temporada pasada me fue bien, esta posibilidad me llega en un lindo momento para pegar el saltito. Y qué mejor que encararlo con Villa Mitre”, concluyó.

Fuente: La Nueva

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